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#Aniversario

Domingo Federico, la última leyenda del tango

Domingo 31 enero, 2021 |

A 94 años de su nacimiento recordamos al maestro Leopoldo Federico (1927/2014), uno de los máximos exponente de la época de oro del tango y nombre fundamental de la música popular argentina.

Cuando murió el 28 de diciembre de 2014, a los 87 años, se iba con él el último exponente de una generación de excelsos bandoneonistas que a partir de la década del 50 del siglo pasado iban a consolidar la evolución iniciada en los años 30 por Julio de Caro y continuada después por la brillante Generación del 40. Horacio Ferrer en “El libro del tango” definió de manera precisa la figura de Leopoldo Federico: «Espiritualmente formado y fogueado junto a los hombres del 40, se volcó, desde el pique, por sensibilidad, a los estilos de avanzada hasta perfilarse entre los artistas de mayor significación de la generación de 1955. Músico de vocación integral, su dimensión descollante es, sin duda, la de ejecutante genuinamente creador. Los puntales de su jerarquía instrumental, son la naturaleza de su sonido, purísimo, eminentemente bandoneonístico -y que, en su madurez ofrece calidades de timbre y de color desconocidos en la historia de su instrumento- y de su absoluto dominio de la realización técnica. Estas dos virtudes, asociadas, por lo íntimo, a otras de imaginación musical y, sobremanera de temperamento expresivo (el saber captar, sentir y decir un tema) concurrieron a gestar su gran personalidad de intérprete».

Esa condición de ejecutante fue reconocida de manera unánime por los músicos que lo tuvieron como integrante de sus orquestas antes de la formación de su propia agrupación, en especial Mariano Mores, Carlos Di Sarli y Horacio Salgán. Nacido en el porteño barrio de Once, en sus inicios juveniles tocaba en una orquesta barrial mientras aprendía armonía con dos valiosos músicos tangueros como Félix Lípesker y Carlos Marcucci, recordando que hacia 1944 había grabado algunos temas con la orquesta de Juan Carlos Cobián, para iniciar su peregrinaje por otras igualmente recordadas como las de Alfredo Gobbi, Lucio Demare y Osmar Maderna. En 1952 forma rubro orquestal con su amigo el pianista Atilio Stampone y dos años después Astor Piazzolla lo convoca para integrar una de las experiencias más revolucionarias de ese momento, el Octeto Buenos Aires, cuyas grabaciones y arreglos siguen siendo avanzados en la actualidad.

En 1959 Federico es convocado por Julio Sosa -en ese momento uno de los más populares y reconocidos intérpretes del panorama del tango- para dirigir y escribir los arreglos de la orquesta que lo acompañaría de modo estable hasta la trágica muerte del cantor uruguayo en un accidente de tránsito el 26 de noviembre de 1964. Ricardo García Baya afirmó, en su nota en “Todo tango”: «Lejos de generar un retroceso en su vida artística, la relación con Sosa lo ubica en el primer plano del espectáculo tanguero y él lo siente de ese modo cuando afirma que nunca tuvo tanta responsabilidad, tanto trabajo y tanto éxito. Grabaron 64 temas desde el 8 de noviembre de 1962 al 18 de noviembre de 1964″. Es visible que  el cantor ganó mucho en su asociación con Federico, que además de darle un marco musical de excelencia, lo llevó a abordar temáticas hasta ese momento no explotadas por Sosa, incluyendo en su repertorio temas románticos como “Nunca tu novio”, “El último café”, “Nada”, “En esta tarde gris”, “Soledad” o el recordado registro de “Qué falta que me hacés”, uno de los más grandes éxitos del binomio.

Luego de la muerte de Sosa y hasta la primera década del siglo XXI, Federico mantuvo su orquesta, con la que realizó giras y recitales en Japón en 1976, 1985 y 1991, en Francia en 1980, en Finlandia en 1990 y países latinoamericanos como Brasil en 1986, Chile en 1971 y 1991 y Colombia en 1983. En un período difícil para las orquestas, se unió al gran guitarrista Roberto Grela conformando el Cuarteto San Telmo, una especie de rememoración del legendario cuarteto Troilo-Grela pero con estilo propio, dejando grabaciones antológicas como “Amurado”, “A la Guardia Nueva”, “Danzarín” y otros. Fue creador de una magnífica obra autoral con temas como “Sentimental y canyengue”, “Cabulero” (que Piazzolla rebautizó como “Neotango”), “Bandola zurdo”, “Retrato de Julio Ahumada”, “Preludio nochero”. “Siempre Buenos Aires”, “Diagonal gris”, “Cautivante”, entre su medio centenar de temas

Su indeclinable apoyo a los jóvenes músicos y a las nuevas orquestas como “El arranque”, fue otro rasgo de la personalidad de este músico excepcional, compartiendo con ellos escenarios y grabaciones, con humildad y generosidad. En 2005 su orquesta obtuvo el Premio Konex como el más relevante conjunto de tango de la década, Antes de su retiro de la actividad profesional, era conmovedor su ingreso al escenario, encorvado por los problemas de columna y la artrosis para una vez sentado presidiendo la fila de bandoneones tocar con el empuje, la técnica y el sentimiento que lo consagraron como uno de los grandes nombres de la música popular