El CCRF

Un homenaje colectivo

Hace más de tres décadas, en la legendaria revista Boom, los rosarinos fueron testigos de que cómo iba despertándose, casi sin pausa, el talento formidable de Roberto Fontanarrosa. En esas páginas fue donde el Negro comenzó a hacer masivos sus chistes, su originalidad incuestionable, a inventar su personal cosmogonía y sus personajes, heredero natural de una tradición de humoristas nativos (desde Ferro a Oski y desde Lino Palacio a Battaglia) pero distinto a todos ellos y también inigualable como ellos.

Después vino la historia conocida: Inodoro Pereyra, un renegado, comenzó a cabalgar como podía y a filosofar con su perro Mendieta sobre una pampa de utilería, y Boggie el Aceitoso, tipo detestable si los hay, irrumpió con su perramus de solapas levantadas y su cinismo de napalm. Y vinieron las ediciones sucesivas de sus libros y las historietas del Negro ocuparon la lista de best sellers y los quioscos de diarios y se leyeron en los bares como el “Martín Fierro” (al que ilustraría después) lo fuera en las pulperías del siglo XIX.

Hasta que un día tomó la Underwood y se decidió a ser narrador de relatos breves y luego novelista y también columnista de diarios reputados y su nombre ingresó en la literatura argentina por la puerta grande, a pesar del rechinar de dientes de las capillas literarias pero con el alborozo de sus miles de lectores.

Con su humildad y sencillez, Fontanarrosa trató siempre de ocultar en vano sus grandes virtudes: un talento portentoso para el humor y el dibujo, una chispa mágica para la captura sutil y certera de tipos, hechos cotidianos, males nacionales, broncas unánimes y defectos generales. Cualidades que siguen sosteniendo desde hace tanto una obra tan personal como fascinante, se trate del grafismo sobre el papel o de las palabras en las páginas de sus libros donde se suceden historias que todos quisiéramos haber escrito.

Esta muestra, en el marco de la imposición formal de su nombre a este centro cultural, es no sólo el homenaje de sus amigos. Es el de toda una ciudad a uno de sus hijos más queridos. Privilegio que sólo alcanzan los que, como él, se han ganado ese afecto a fuerza de talento.

Rafael Ielpi 

*Palabras del director del CCRF, en el marco del nombramiento del Centro Cultural como Roberto Fontanarrosa (Julio de 2013)

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