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// José Gola: Un actor que no tuvo sucesores.

El 27 de abril de 1939 el cine nacional despedía los restos de su primer galán. José Gola catalogado como el Bogart argentino o el Clark Gable criollo fallecía en Buenos Aires con tan solo 35 años de edad.

Abrimos con esta nota una nueva sección denominada Memorial, un espacio para recordar las figuras y hechos de nuestra cultura.

José Gola (La Plata, 7 de febrero de 1904 / Buenos Aires, 27 de abril de 1939)

Fue “el” galán del cine argentino de los años 30. Algunos lo equipararon con Humphrey Bogart y otros lo calificaron el "Clark Gable criollo", pero a diferencia de éste último, Gola fue un recio sin desplantes, un tierno sin almíbares y un inteligente sin petulancias. Nacido en La Plata el 7 de febrero de 1904, en el seno de una familia dedicada al comercio se inició en el teatro en 1925, en la compañía del legendario Pepe Podestá, pero se consagró en el cine sonoro, luego de intervenir en varias películas mudas como extra.

Durante algunos años realizó giras teatrales en el interior del país junto a su amigo Mario Soffici y Enrique Santos Discépolo. Con posterioridad se integró a la compañía del recordado binomio Muiño-Alippi. Fue en esas circunstancias, en 1934, que lo descubrió el director José A. Ferreyra y le propuso intervenir en Mañana es domingo. (1933).  Al llegar al cine, Gola tomó en consideración que la pantalla acerca al actor al público y magnifica los detalles y fue así que empleó un estilo restringido e indirecto que sumado a la fuerza y el magnetismo de su personalidad dio a sus personajes convincente fisonomía humana y resonancias interiores absolutamente nuevas en los filmes dramáticos realizados en Argentina. Su actuación era elocuente pero sobre la base de gestos leves, una graduada atención de su mirada y un estricto timing que estaban bajo el sigiloso control de una inteligencia alerta. Supo combinar su estampa varonil y la reciedumbre masculina que trascendía de ella con rasgos reveladores de sensibilidad y así construyó sutilmente el relieve de sus tipos.

Pero su fama como actor de cine llegó con Puente Alsina (1935), también dirigida por Ferreyra, en la que interpretó a un operario que, pese a las diferencias sociales, conquista el amor de la hija del ingeniero que dirige la construcción de un puente. Luego filmaría, en apenas dos años La barra mendocina, de Mario Soffici; Por buen camino, melodrama dirigido por Eduardo Morera; La muchachada de a bordo, de Manuel Romero; Puerto Nuevo, de Mario Soffici y Luis César Amadori; El pobre Pérez , también de Amadori, donde interpreta a un hombre tironeado por el amor de dos mujeres; Palermo, de Arturo Mom y Fuera de la ley, de Manuel Romero (1937), como un psicópata que es capaz de llegar hasta el parricidio.

Ese mismo año filmó Mateo, de Daniel Tinayre, en un personajes que cae en el delito, harto de las penurias económicas y los fracasos de su padre, y en 1938 Nace un amor, de Luis Saslavsky, un musical en el que asume el desafío de cantar y bailar; La vuelta al nido, de Leopoldo Torres Ríos, en el papel de un oficinista; La estancia del gaucho Cruz , de Torres Ríos, comedia en la interpreta a un estanciero misógino y Los caranchos de la Florida, de Alberto de Zavalía. En 1939 hizo Frente a la vida y Hermanos, ambas dirigidas por Enrique de Rosas. Para entonces, tenía 35 años y 16 largometrajes en su haber. Era el galán más rutilante del Olimpo sonoro argentino y había conseguido mejores críticas que cualquier otro actor joven de su generación. Para Jorge Miguel Couselo, Gola representaba un natural temperamento dramático, gesto, actitud y presencia, es decir personalidad; configuraba, además de un actor cinematográfico intuitivo pero innegable, una especie de paradigma del hombre de Buenos Aires, del melancólico muchacho ciudadano que se proyectaba con vigor y sobriedad en la pantalla.

En abril de 1939, en Misiones y mientras el actor se preparaba para filmar Prisioneros de la tierra , de Soffici, sufrió un ataque de peritonitis aguda. Alojado en la casa de Horacio Quiroga (dos de cuyos cuentos se convirtieron en el guión de la película) el agravamiento de su salud hizo que fuera trasladado en avión a Buenos Aires, donde pese a los esfuerzos médicos murió el 27 de abril a los 35 años.

Sus restos fueron velados en una capilla ardiente instalada en la Casa del Teatro y su muerte tuvo en la prensa argentina el impacto que había tenido, cuatro años antes, la muerte de Carlos Gardel. En alguna crónica amarilla se fabularon las últimas palabras del actor en las que se mezclaban un ruego a Libertad Lamarque para que no abandonara nunca el canto con un pedido suplicante a una enfermera para que sus restos fueran velados en su casa materna y enterrados en la ciudad de La Plata. En la edición del 27 de abril de 1939 el diario La Razón registraba las largas filas de gente humilde que llegaba hasta la capilla ardiente deseosa de verlo por última vez y las escenas de honda emoción de un público heterogéneo estacionado ante la Casa del Teatro. Para terminar señalando que muere con él el primer galán que le dimos al cine y muere con él – en el cementerio de esperanzas de la almohada - el sueño ingenuo de las muchachas que le pusieron su nombre al corazón…”. El cine había convertido a un actor popular en una estrella masiva. El astro con su muerte devenía en mito. Entre tantos méritos, tal vez ése haya sido el mayor de José Gola: representar como nadie al hombre común del tiempo aquel, de Buenos Aires e incluso de las ciudades del interior del país, donde aún se lo recuerda como el actor más arquetípico de la pantalla nacional.

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