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// Homero Manzi, un gran poeta del tango.

El autor de Fuimos, Malena y Sur, encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango.

Memorial, un espacio para recordar las figuras y hechos de nuestra cultura.

Homero Manzi (Añatuya, 1º de noviembre de 1907 / Buenos Aires, 3 de mayo de 1951)

Homero Manzi, cuyo apellido era Manzione, había nacido en Añatuya el 1º de noviembre de 1907 pero a los 9 años se trasladó con su madre a Buenos Aires, al barrio de Pompeya y de su infancia allí data su familiaridad con la cultura del arrabal porteño y su gente. Adolescente aún, adhirió a los postulados del radicalismo yrigoyenista y fue en esos años juveniles cuando inició su larga amistad con Cátulo Castillo y con su padre, el dramaturgo José González Castillo, quien alentó su vocación literaria y lo introdujo en el ambiente teatral, comenzando a la vez su obra como letrista en 1922 con “Por qué me besás”, grabado por Ignacio Corsini; en 1925 escribe los versos de uno de sus temas iniciales: “Viejo ciego”, con música de Cátulo Castillo y Sebastián Piana, por entonces dos muchachos.

Tras una incursión en el periodismo, fue profesor de literatura en los colegios Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento hasta 1930, cuando su condición de afiliado radical, su activa difusión de los postulados de la Reforma Universitaria y su apoyo al derrocado presidente Yrigoyen, provocaron su expulsión de la docencia por la dictadura de Uriburu. Organizó entonces una compañía de danzas folklóricas que actuó en el interior del país y en Chile y Perú. Ese contacto con el folklore lo estimuló, junto con Piana, a revalorizar un alicaído género, la milonga, con creaciones como Milonga sentimental, Milonga del 900 y Milonga triste se una inédita calidad poética; con Piana compuso también El pescante (1934), evocación del arrabal de sus años de infancia. Entre 1940 y 1950 concreta su mayor aporte a la poética del tango con músicos igualmente inspirados. Son ejemplos de ello sus creaciones con Troilo: Barrio de tango, Sur, Che bandoneón y Discepolín; con José Dames: Fuimos; con Lucio Demare: Malena, Mañana zarpa un barco y Tal vez será mi alcohol; con Hugo Gutiérrez: Fruta amarga, Torrente y Después o con Raúl Fernández Siro: Ninguna.

En 1935 participó junto con Arturo Jauretche, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz de la fundación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), movimiento de neto corte hispanoamericanista y antiimperialista. Son años de mayor producción literaria y de trabajos para el cine; ya había musicalizado algunas películas y escrito varios guiones, entre ellos el de Nobleza gaucha, nueva versión del mayor éxito en la historia del cine mudo del país, Escuela de campeones, Todo un hombre, Donde mueren las palabras y Rosa de América. En 1942, en colaboración con Ulises Petit de Murat adapta La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones, dirigida por Lucas Demare, considerada un clásico del cine nacional. Ese mismo año funda Artistas Argentinos Asociados, en 1948 fue electo presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) y debutó en la dirección cinematográfica con Pobre mi madre querida, sobre guión propio, experiencia que repitió en 1950 con El último payador.

Julio Nudler definió lúcidamente las características esenciales de su obra:

Manzi encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías. El medio de su poética fue siempre la canción, desde los motivos camperos hasta la música urbana, en la que alcanzó su mayor realización. De esa manera gozó de inmensa popularidad, sin renunciar nunca a sus convicciones de poeta. Apeló a la metáfora, incluso surrealista, pero no avanzó demasiado por ese camino, que quizás hubiera dificultado la comprensión de su mensaje por el hombre común. No utilizó el lunfardo (argot de Buenos Aires) para expresarse, pese al compromiso popular de su obra literaria. A diferencia de otros grandes autores, sus letras no ofrecen crónicas de la realidad social ni imparten consignas morales. Sus versos suelen estar llenos de nostalgia, como el tango mismo. A través de ellos, Manzi arroja una mirada plena de ternura y compasión hacia los seres y las cosas. El barrio pobre, suburbano, es su gran escenario. Su tango “Sur” de 1948, con música de Troilo, probablemente la obra suprema del género en aquella esplendorosa década, resume el sentido más profundo de su obra.

Fue recién a fines de 1947 que Manzi se acercó al peronismo, lo que determinó su expulsión del radicalismo y su respuesta a dicha determinación con un discurso difundido por Radio Belgrano el 16 de diciembre de ese año en el cual entre otros conceptos afirmó que “Perón es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen. Mientras siga siendo así, nosotros continuaremos creyéndole, seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios. Sobre los finales de la década del 40 ya se encontraba gravemente enfermo de cáncer, falleciendo en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951.

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